Siempre soñé con ser futbolista y del Sporting, claro. Lo raro es que en mis sueños la selección que me llamaba para defender con mi sudor su bandera era la inglesa. Ese territorio de la inconsciencia consciente es así y no entiende de otras reglas. Yo estaba con la camiseta blanca y el pantalón azul cantando en un perfecto inglés al lado de Peter Beardsley, John Barnes, Lineker o David Platt el Dios salve a la Reina. Aunque en realidad el que yo quería ser era Matt Le Tissier, que jugaba en el modesto Southampton,un equipo que vestía de rojiblanco y al que nunca abandonó por muchas libras que pusieran encima de la table.
Y como los sueños no entienden de reglas ni de fidelidades eternas hubo un momento en que dejé de ser inglés y me hice argentino. Me enfundaba la albiceleste y le daba un pase a Diego para que él hiciera el resto. Me enrabietaba con el mundo y le demostraba a todos que a tricampeón no llega cualquiera.
Y como los sueños no entienden de reglas ni de fidelidades eternas hubo un momento en que dejé de ser inglés y me hice argentino. Me enfundaba la albiceleste y le daba un pase a Diego para que él hiciera el resto. Me enrabietaba con el mundo y le demostraba a todos que a tricampeón no llega cualquiera.
Ahora que a Inglaterra la entrena Capelo y gana, pero me aburre, y que a Argentina la entrena el Dios caído del fútbol y me aburre, pero no gana, lo que quiero es jugar con España y jugar dándole la vuelta a la bandera en las medias para fastidiar a unos cuantos y cantar el tachunda, chunda de nuestro himno sin letra y jugar al lado de Xavi, Iniesta, Silva y Villa y que Puyol sea el primo de Zumosol que nos defiende de todos e Íker me salve en alguna parada imposible. Quiero estar en el campo y disfrutar viendo como el balón quiere estar con los que lo tratan bien y lo acunan, lo esconden y lo acarician y no con los que no saben qué hacer con él cuando lo tienen.
Para esto da un partido de selecciones que rompe la liga de los mayorones, pero no la del Rayo de Cecilia que vuelve a ganar o la del Girona de Geni que volvió a perder o la del Oviedín de Vane y Tomás que volvió a empatar a cero y que sigue en tierra de nadie sin saber muy bien a qué juega y en qué categoría. Un fin de semana en el que vimos a Alonso encima de un Ferrari y hablando con un acento ligeramente italiano que me recordaba al tejano de Aznar y su estaaamos trabajaando en ellooooo.


