Nervios, tensión, emociones, gritos y, al final, campeonamos. No fue fácil, atrás quedan unos cuantos mundiales llenos de decepciones, de goles que no fueron de Cardeñosa en Argentina 78, de la decepción de Honduras en España 82, del penalti fallado por Eloy ante Bélgica en México 86, de la falta de Yugoslavia en Italia 90, del codazo de Tassoti a Luis Enrique y la ocasión fallada por Salinas en EEUU 94, de la cantada de Zubi ante Nigeria en Francia 98, del árbitro canalla y del penalti de Joaquín en Corea y Japón en el 2002, de la derrota inapelable contra la Francia de Zidane en Alemania 2006. A esto se reducen mis recuerdos mundialistas y puedo considerarme afortunado porque hubo años peores, años en los que no llegábamos ni a clasificarnos para las fases finales, mundiales de los que me habla mi padre o datos que encuentras en algún que otro libro.
Y ahora un once de julio de 2010 un grupo de chavales normales se juntan, se conjuran y deciden imponer una nueva forma de jugar a este deporte que a algunos nos vuelve un tanto chalados. Un grupo de chavales que no tienen más consigna que la de tratar bien al objeto que te puede otorgar la gloria eterna, ni más norma que saber que esto es un deporte colectivo y que el bien común debe primar siempre por encima del individual.
Si en este mundo de locos en el que se retrasmiten en directo las predicciones de un pulpo fuera posible preguntarle al balón quién quisiera él que fuera el vencedor, estoy seguro que esbozaría una media sonrisa y se sentiría plenamente satisfecho del resultado final.
Y el camino en este 2010 tampoco fue fácil. Se empezó con una derrota que acarreó las primeras críticas oportunistas de los listos de sofá que sólo opinan a toro pasado y resultado en mano. En otros tiempos esta debacle inicial hubiera conducido a cuatro o cinco cambios en la alineación titular y a una modificación en el estilo de juego, pero eso ya no pasa; España tiene un modelo, un modo de jugar que personifican Xavi e Iniesta y al que se ha sumado Busquets. Del Bosque que ha aguantado lo suyo (como San Iker) lo sabía y aguantó y respetó las opiniones de los que pedía a Cesc, que eran los mismos que después pedían a Torres y más tarde decían que se cayera del once, y respetó a los que le pedían que quitara a Busquets o a Xabi Alonso, y a los que abogaron por Llorente, o por Navas, y los respetó a todos con educación y resignación cristiana, pero hizo lo que le dio la real gana y puso a Torres y sacó a Llorente y en semifinales se la jugó con Pedro y nos vino a demostrar a todos que sí, que hemos visto muchos partidos, pero que el que sabe es él y acertó con las alineaciones como acertó después con los cambios y se eliminó a Portugal primero y a Paraguay después, y Puyol (ese tío feo, fuerte y formal como la canción de Loquillo)
Si en este mundo de locos en el que se retrasmiten en directo las predicciones de un pulpo fuera posible preguntarle al balón quién quisiera él que fuera el vencedor, estoy seguro que esbozaría una media sonrisa y se sentiría plenamente satisfecho del resultado final.
Y el camino en este 2010 tampoco fue fácil. Se empezó con una derrota que acarreó las primeras críticas oportunistas de los listos de sofá que sólo opinan a toro pasado y resultado en mano. En otros tiempos esta debacle inicial hubiera conducido a cuatro o cinco cambios en la alineación titular y a una modificación en el estilo de juego, pero eso ya no pasa; España tiene un modelo, un modo de jugar que personifican Xavi e Iniesta y al que se ha sumado Busquets. Del Bosque que ha aguantado lo suyo (como San Iker) lo sabía y aguantó y respetó las opiniones de los que pedía a Cesc, que eran los mismos que después pedían a Torres y más tarde decían que se cayera del once, y respetó a los que le pedían que quitara a Busquets o a Xabi Alonso, y a los que abogaron por Llorente, o por Navas, y los respetó a todos con educación y resignación cristiana, pero hizo lo que le dio la real gana y puso a Torres y sacó a Llorente y en semifinales se la jugó con Pedro y nos vino a demostrar a todos que sí, que hemos visto muchos partidos, pero que el que sabe es él y acertó con las alineaciones como acertó después con los cambios y se eliminó a Portugal primero y a Paraguay después, y Puyol (ese tío feo, fuerte y formal como la canción de Loquillo)
se elevó contra las torres germanas para de un cabezazo espantar a todos las aves negras que rondaban sobre nosotros y meternos en una final en la que el destino tenía deparado que habría dos grandes protagonistas: San Iker Casillas que volvió a demostrar que no es galáctico, ni falta que le hace, sino de Móstoles y Andrés Iniesta que es probablemente el mejor jugador que ha tenido el fútbol español en toda su historia. Ïker las paró todas y besó a Sara Carbonero ante las cámaras y eso no estuvo bien, no estuvo bien porque lo que debería haber hecho a continuación es un largo corte de mangas televisado a los que dudaron de él. Y Andrés metió el gol de los elegidos, el que desbancaba de una vez a nuestro otro gol famoso, el de Zarra contra Inglaterra, y lo metió con el alma blanca como su piel y se lo metió a todos los entrenadores Mourinhos del fútbol que se creen más importantes que el propio juego.

6 comentarios:
Felicitaciones! y no te olvides del árbitro, que debió dejar a Holanda con 9 en el primer tiempo.
Pero ya es historia. Bienvenido al club de los campeones del mundo!
Un abrazo
...AMÉN...
Ya sabía yo que hoy ibas a estar contento... Y más con el buen papel de Villa, tanto gol, tanto ir a la portería...
Me alegro por los que sois futboleros de verdad.
Y tanta gente que ha disfrutado, y que todavía le durará la felicidad varios días más.
Besos
Me gusta la sensación que transmite éste equipo. La sensación de que el trabajo, el hacer las cosas bien, el intentarlo, el hacerlo con alegría, el saber que un equipo es la suma de todos, tiene recompensa. Bravo por el mister, por ellos, por Iniesta, que se acordó de quien no pudo cantar el gol en un momento en el que nadie le habría reprochado acordarse de otro que no fuera él mismo.
Me gusta la sensación que transmite éste equipo. La sensación de que el trabajo, el hacer las cosas bien, el intentarlo, el hacerlo con alegría, el saber que un equipo es la suma de todos, tiene recompensa. Bravo por el mister, por ellos, por Iniesta, que se acordó de quien no pudo cantar el gol en un momento en el que nadie le habría reprochado acordarse de otro que no fuera él mismo.
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